Viena es una ciudad bastante bien equipada para la gente que va en silla de ruedas. En todos los metros encontraréis una rampa para entrar a los vagones y ascensores para ir a la calle. En los autobuses y en los tranvías, la cosa ya cambia un poco: en los nuevos siempre hay rampas, pero en los viejos no. Por suerte, hay más nuevos que viejos, así que si os llega un tram de los antiguos, tendréis que esperar a que pase el sigiuente.
En todos los pasos de zebra hay la rampa en el bordillo y, las escaleras exteriores repartidas por la ciudad, suelen tener un ascensor al lado (sobretodo en el centro de la ciudad).

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